31.La Histeria y La Templanza
22-05-2009
Alzó la voz para expresar su opinión. Tras el asombro del resto, que charlaba animado, llegó un silencio inquietante de confusión.
Fueron muchos los que, impresionados por la atención que ese gesto había suscitado, secundaron la acción para experimentar tal gloria. Los demás optaron por continuar conversando, a pesar del ruido.
Levantaron la voz para imponer su opinión. Tras la molestia del resto, que se comunicaba con esfuerzo, llegó un tumulto abrumador de perplejidad.
Fueron muchos los que, perturbados por la desazón que ese gesto había ocasionado, reprocharon la acción para reprender tal conducta. Los demás optaron por abandonar la conversación, a pesar de la injusticia.
Y así fue como la histeria mató a la templanza.


