El sistema de defensa más destructivo no son las armas, ni las palabras. Es el victimismo, sin duda.

El victimismo viene probocado por la vergüenza. La vergüenza, por la carencia de autoestima.

Si las personas supieran valorarse, no tendrían necesidad de sentir vergüenza al sufrir una contrariedad. Esto impediría la inquietud por salvaguardar su reputación. Jamás se plantearían el mostrarse como víctimas, el comenzar una batalla sin tregua para alzar su imagen sobre las demás.

La necedad vuelve a tí, no hay verdugos sin víctimas.