Lunah Roha
Lunah Roha

Archive for May, 2009:

33.Imagina Crear Lo Que Imaginas

Era un día más, tal vez un día menos, de su variopinta existencia.
Poco le sorprendían ya los giros caóticos de su particular veleta, forzada conscientemente en ocasiones y libre el resto del tiempo.

No acostumbraba a mirar atrás, temía darle la espalda al horizonte frontal, pero los altos en el camino eran habituales.

-Imagina crear lo que imaginas- le dijo antaño su subconscinte. Obedeció sin meditar en profundidad aquel imperativo, así lo siguió haciendo conforme su imaginación le revelaba los métodos de creación.

Ese día decidió echarse a un lado y contemplar su recorrido desde otra perspectiva, cuidando de no girar demasiado la cabeza para no perder de vista lo que tenía delante.

Jamás lo hubiese imaginado, todo era tal cual lo había ido imaginando.

Regresó y se imaginó contándole al mundo que los sueños eran sólo un sentimiento de deseo. El deseo, algo que no se podía visualizar. La proyección mental, la clave.

Siguió caminando.

32.La Playa… de Nuevo

A veces, te quedas mirando las vías vacías. No tienes claro si tu tren se ha marchado o si está por llegar… pero permaneces impasible con tu billete en la mano sabiendo qué, de cualquier modo, no piensas subir.

La playa critica tu falta de afecto, sabe que la echarías de menos de no tenerla cerca.
Tú, simplemente ignoras su presencia. Siempre es la misma. No te ofrece nada nuevo.

Rompes el billete y lo tiras sobre las vías. Necesitas el asfalto y el bullicio del que pretendías disfrutar… pero, ésta vez, eliges atender el reproche de tu playa.

A veces, no entendemos nuestros impulsos. Viajas con los recuerdos desde el punto de partida y, al retornar, descubres que nunca te moviste.
Lamentas no haber tomado ese tren.

La playa… de nuevo.

31.La Histeria y La Templanza

Alzó la voz para expresar su opinión. Tras el asombro del resto, que charlaba animado, llegó un silencio inquietante de confusión.
Fueron muchos los que, impresionados por la atención que ese gesto había suscitado, secundaron la acción para experimentar tal gloria. Los demás optaron por continuar conversando, a pesar del ruido.

Levantaron la voz para imponer su opinión. Tras la molestia del resto, que se comunicaba con esfuerzo, llegó un tumulto abrumador de perplejidad.
Fueron muchos los que, perturbados por la desazón que ese gesto había ocasionado, reprocharon la acción para reprender tal conducta. Los demás optaron por abandonar la conversación, a pesar de la injusticia.

Y así fue como la histeria mató a la templanza.

© 2007-2010 Lunah Roha